ACTUALIDAD MIGRATORIA

En las reunificaciones familiares las asistentes sociales, en particular las religiosas, pueden llevar a cabo un beneficioso servicio de mediación, digno de una creciente valorización.

En cuanto al tema de la integración de las familias de los inmigrantes, siento el deber de llamar la atención sobre las familias de los refugiados, cuyas condiciones parecen empeorar con respecto al pasado, también por lo que atañe a la reunificación de los núcleos familiares. En los territorios destinados a su acogida, junto a las dificultades logísticas, y personales, asociadas a los traumas y el estrés emocional por las trágicas experiencias vividas, a veces se suma el riesgo de la implicación de mujeres y niños en la explotación sexual como mecanismo de supervivencia.

En estos casos, es necesaria una atenta presencia pastoral que, además de prestar asistencia capaz de aliviar las heridas del corazón, ofrezca por parte de la comunidad cristiana un apoyo capaz de restablecer la cultura del respeto y redescubrir el verdadero valor del amor. Es preciso animar, a todo aquel que está destruido interiormente, a recuperar la confianza en sí mismo. Es necesario, en fin, comprometerse para garantizar los derechos y la dignidad de las familias, y asegurarles un alojamiento conforme a sus exigencias. A los refugiados se les pide que cultiven una actitud abierta y positiva hacia la sociedad que los acoge, manteniendo una disponibilidad activa a las propuestas de participación para construir juntos una comunidad integrada, que sea "casa común" de todos.

Entre los emigrantes existe una categoría que debemos considerar de forma especial: los estudiantes de otros Países, que se hallan lejos de su hogar, sin un adecuado conocimiento del idioma, a veces carentes de amistades, y a menudo dotados con becas insuficientes. Su condición se agrava cuando se trata de estudiantes casados. Con sus Instituciones, la Iglesia se esfuerza por hacer menos dolorosa la ausencia del apoyo familiar de estos jóvenes estudiantes, ayudándolos a integrarse en las ciudades que les reciben, poniéndolos en contacto con familias dispuestas a acogerles y a facilitar el conocimiento recíproco. Como he dicho en otra ocasión, la ayuda a los estudiantes extranjeros es "un importante campo de acción pastoral. Sin lugar a dudas, los jóvenes que por motivos de estudio abandonan el propio País se enfrentan a numerosos problemas, sobre todo al riesgo de una crisis de identidad" (L'Osservatore Romano, 15 de diciembre de 2005).



Queridos hermanos y hermanas, pueda la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado convertirse en una ocasión útil para sensibilizar las comunidades eclesiales y la opinión pública acerca de las necesidades y problemas, así como de las potencialidades positivas, de las familias emigrantes. Dirijo de modo especial mi pensamiento a quienes están comprometidos directamente con el vasto fenómeno de la migración, y aquellos que emplean sus energías pastorales al servicio de la movilidad humana. La palabra del apóstol Pablo: "caritas Christi urget nos" (2 Co 5, 14) los anime a donarse, con preferencia, a los hermanos y hermanas más necesitados. Con estos sentimientos, invoco sobre cada uno la divina asistencia, y a todos imparto con cariño una especial Bendición Apostólica".

Ciudad del Vaticano, 18 de octubre de 2006 Benedicto XVI

REFLEXIONES DE AYER….PARA HOY.

PARA UNA VIDA SCALABRINIANA AUTENTICA

“Primero tenemos que tener una fuerte experiencia de oración comunitaria. La rutina de una breve oración formal cotidiana, como también los simples retiros de praxis no cambian nada y no dejan huellas profundas. Hay que buscar vivencias fuertes. (…)
Paralelamente debemos tener experiencias pastorales fuertes, en forma comunitaria. De allí surge el contagio y un entusiasmo que atrae hacia el apostolado, proporciona íntima satisfacción a nuestra vida misionera y al mismo tiempo hace surgir auténticas vocaciones scalabrinianas”.

“Arriesgamos de ser muy ‘scalabrinianos’, poco misioneros y todavía menos misioneros para los emigrados. Para mi existe una profunda involución en la Congregación. Cuando hablamos mucho y escribimos mucho sobre la misionariedad, quiere decir que se está perdiendo o que ya se ha perdido. Nunca se habla tanto de salud como cuando uno está en hospital. Debemos volver a vivir en contacto con el corazón de Scalabrini, que son los emigrados”.

(en “Misionero Migrante - P.Tarcisio Rubin cs”, p.43)